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The Bear: el plato perfecto.

Las series internacionales suelen estrenarse en Colombia uno o dos meses después de su lanzamiento en Estados Unidos. La primera temporada de The Bear no fue la excepción, y por eso recurrí a métodos ingeniosos –y de cuestionable legalidad– para poder verla el día de su estreno original.


Banner the bear rojo, azul.


En ese momento estaba completamente desligada de la cocina. Los libros de gastronomía ocupaban en mi biblioteca casi todo el espacio que ahora necesitaba para otras cosas, y yo me cuestionaba a diario si en algún momento de la vida iban a ser útiles otra vez y si había valido la pena semejante inversión. En pocas palabras, esto era una metáfora de mi relación con la cocina: algo que había ocupado tanto espacio en mi vida se había convertido de repente en una incomodidad que, para colmo, seguía siendo tan importante que ni consideraba desecharla.


Sinceramente, no sé por qué quise ver The Bear con tanta impaciencia.



TEMPORADA 1

 

La temporada inaugural de The Bear es todo lo que está bien en una serie. Cinematográficamente, el espectáculo es excepcional. Tiene una fotografía preciosa y limpia, incluso en medio del caos. La banda sonora se integra perfectamente a la atmósfera y a la historia, y se convierte en una playlist perfecta. De la actuación, no podría pedirse más. La dirección y la edición son brillantes; tomas de 15 minutos en las que todo pasa increíblemente rápido y, aún así, no se acaba lo suficientemente pronto, episodios muy rápidos, es decir, todo lo opuesto a una novela turca. Lo más impresionante, probablemente, es su capacidad para sumergirte de lleno en medio de su tensión, caos, frustración y esperanza.


Cada episodio es un ataque de pánico de 30 minutos. Es visceral. Es triste. Es abrumadoramente real.






 

En algún momento leí que algunas personas que habían trabajado en cocinas de alto nivel tuvieron que dejar de ver la serie porque desencadenaba episodios de estrés postraumático. Así de real es la serie en ese aspecto gastronómico/laboral. Pero también es real cuando aborda los aspectos mentales y emocionales del perfeccionismo y el trauma. Los perfeccionistas sabemos lo pesada que es la carga, lo intenso que es el miedo al fracaso, lo doloroso que es darse cuenta de que no se puede alcanzar la perfección y lo difícil que es aceptarlo. La verdad es que no se necesita tener a un chef psicópata gritándote para desarrollar un trauma como ese. Uno mismo basta; muy a menudo uno es su propio chef psicópata gritándose. Alrededor de los 25, uno tiene su primer golpe de realidad, muy probablemente después de haberse quemado hasta la médula. A los 25 el chef gritón interior está bastante fortalecido y uno, bastante vulnerable.


El punto es que la serie es abrumadoramente real para cualquiera que trabaje en una cocina, para cualquiera que sea perfeccionista o para cualquiera que haya sufrido un trauma familiar (o varios).


También es triste, como mencioné antes. Es triste porque es un reflejo crudo de la cultura culinaria, y la serie no se abstiene de criticar el entorno a menudo tóxico de las cocinas profesionales. Al menos esta serie no romantiza la toxicidad y el perfeccionismo neurótico, aunque lo hace parecer un poco más cool de lo que realmente es. 


TEMPORADA 2


Un poco más esperanzadora pero igual de estresante. Esta temporada cambia el enfoque y se centra en el desarrollo personal y profesional de los personajes. En esencia, te hace amar a los personajes que odiabas y te hace admirar aún más a Carmy. Es una temporada llena de discursos y frases motivacionales que podrían ser buenos tatuajes. Dejo algunas escenas aquí porque sobran las palabras:

 





 

TEMPORADA 3


Otra vez tuve que recurrir a métodos ingeniosos para verla el día en que se estrenó. Uno sabe qué tan esperada es una serie dependiendo de cuánto tiempo tarda alguien en subirla a una página web dudosa. En este caso, fueron 2 horas.


Esta temporada se desvía por completo del ritmo implacable de las anteriores. El primer capítulo tiene un enfoque más centrado en la belleza y el arte de la gastronomía que en el caos del servicio, aunque eventualmente gana la entropía. El silencio reina, o mejor dicho, la sensibilidad musical domina casi todo el tiempo, después de dos temporadas muy ruidosas – intencionalmente. Las escenas gastronómicas son inspiradoras, principalmente porque ocurren en espacios muy reales junto a figuras muy reales como Thomas Keller, Daniel Boulud y René Redzepi. Por eso mismo, las personas que conocen la escena gastronómica internacional aprecian muchísimo verla tan de cerca y plasmada con tanto respeto.


Esta es una temporada en la que pasa mucho y no pasa nada, a diferencia de las otras dos. Una apuesta arriesgadísima, pero también valorada. Sabemos muchísimo más sobre la trayectoria de Carmy, pero para el final de la temporada aún no se ha resuelto nada... Este es un cliffhanger que podría resultar desastroso. Sin embargo, una serie que se consagró tan rápidamente como una de las mejores en los últimos 20 años necesitaba arriesgar tanto como sus personajes.


Soy admiradora de esta serie, principalmente porque engloba la excelencia en temas que me apasionan: la cinematografía, el arte, la gastronomía, la música y la narrativa. Esta mirada fresca a la cocina fue un catalizador para reconectar con mi pasión por la cocina y, a la vez, una invitación a cuestionarme mi propia sanidad (por aquello del perfeccionismo). Creo que este es un retrato sin concesiones del mundo culinario y el mundo interior de un perfeccionista. Captura las contradicciones, la necesidad de cambio y el empoderamiento que se logra a través de la cocina. Sobre todo, captura las contradicciones…


Los libros de cocina otra vez son útiles; aunque todavía no sé a dónde me van a llevar.

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2 comentarios


Marcelo Diaz
Marcelo Diaz
06 jul 2024

Ahora me entiendo mejor. Mi exceso de expectativa, de deber ser (mi deber ser). Excelente.

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Carla Díaz
06 jul 2024
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